RAFAEL CARDONA

Tan fácilmente como una bailarina de tubo deja de lado lentejuelas y tacones, así los políticos en campaña olvidan sus palabras, sus declaraciones y sus definiciones sobre cualquier cosa.

Y con su ejemplo contagian a muchos. Todos vuelan como papalotes.

Un político en campaña se convierte en una enciclopedia de falsos conocimientos; cultura del “tarjetazo”, verbo fugaz improvisado por consultores, como él o más improvisados; publicistas de ocasión para la tarde del mitin, la entrevista de prensa, el debate ruin en cuyo tránsito se pone a salvo la cartera por encima de las ideas.

Falsedad en la impostura y más todavía en los planteamientos. Se dicen cosas convenientes creyéndolas por eso convincentes.

Pero la gente (así en el colectivo, gente, pueblo, masa) no piensa. Siente y el hartazgo real y estimulado hasta la exageración, lleva a las figuras públicas a prometer más allá de la lógica con tal de presentarse como diferentes.

Pero el problema de hablar mucho no consiste en la verborrea sino en la generalizada falta de atención de quienes escuchan. Por desgracia, cada quien oye por sus intereses no por sus oídos y se le atribuyen a las palabras políticas, significados de acuerdo con la conveniencia de cada quien. Sordos todos. Y si no, al menos desatentos o desmemoriados.

Y la desmemoria es hermana de la ignorancia.

Por ejemplo, cómo se puede suponer congruencia en un candidato cuando nos dice:

“… (Crónica).- El candidato presidencial de Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, pidió a los empresarios unirse y “sacar adelante al país”. Una vez más, lanzó su “amor y paz” durante la jornada de visita al Estado de México, pero esta vez flanqueado por hombres de negocios nacionales.

“AMLO matizó su discurso, muchas veces ríspido, hacia el sector empresarial:

“—Ayudan mucho porque no se podría pensar en un plan de desarrollo para impulsar la actividad productiva, para que haya empleo, bienestar, sin los empresarios, dijo en Tecámac.

“Escoltado nada menos que por Marcos Fastlicht (suegro de Emilio Azcárraga) y Alfonso Romo, el enlace empresarial de la campaña morenista aseveró que los hombres de la inversión no tendrán problemas:

“—En nuestro gobierno van a ser respetados”.

Muy bien, ¿pero no fue la misma persona quien dijo hace un par de semanas los peores atributos negativos de los empresarios, mayores, a quienes acusó de ladrones, bribones, cómplices de un fraude electoral, traficantes de influencia y todo lo demás? ¿No fue este hombre quien rompió lanzas contra los industriales y comerciantes y ahora —ante el aplauso de los agraviados—, les pide la otra mejilla?

Porque no es posible pasar por alto este dato:

“El Consejo Mexicano de Negocios, organización en la que participan algunos de los empresarios más críticos a Andrés Manuel López Obrador, convocó a los candidatos presidenciales a un encuentro por separado y a puerta cerrada para discutir el futuro del país.

“El Consejo dio a conocer ayer (3.6.18), mediante un comunicado de prensa, que sus agremiados desean escuchar de los aspirantes a la Presidencia de la República las distintas propuestas y visiones de gobierno para los siguientes seis años”.

Quizá el problema del CMN sea precisamente su deseo de escuchar “propuestas y visiones de gobierno”, cuando lo deseable sería conocer compromisos irrenunciables, definiciones absolutas y posiciones ideológicas realmente firmes.

En ese sentido los cuatro candidatos (bueno, los 31/2 candidatos), van a endulzar el oído de los barones, pues todos se especializan, cada quien con su estilo, en halagar el tímpano de sus interlocutores.

Van a decir palabras tan falsas como para hacerlas sentir propias y se van a comportar como el espejo de Blanca Nieves. Todos declamarán la oda a la empresa privada, todos van a garantizar la propiedad, todos van a sugerir reformas fiscales por cuyo contenido se estimule el consumo y el mercado interno y bla, bla, bla.

Todos van a decirles, la bandera nacional también es suya. México somos todos.

Pero no habrá un solo compromiso verificable ni exigible. Eso sería pedirles demasiado a los políticos, quienes se especializan en ofrecer lunas de miel sin matrimonio.

Sin embargo, la política se hace con palabras y masas. La obra de gobierno con hechos y con obras, por eso son tan diferentes.

En ese sentido vale la pena conservar un cuadernillo con las respuestas de los 3 candidatos (sin el ½), editado ayer por MVS, “El informadorPulso de San Luis PotosíEl universal Milenio, en cuyas 54 páginas (los foros no cuentan), se ofrecen respuestas a muchas interrogantes nacionales.

Con todo y lo discutible de una entrevista cerrada y por escrito, al menos los políticos (mejor dicho, sus achichincles), se vieron forzados a precisar (y presentar) como suyos esos puntos de vista sobre 94 asuntos contenidos en nueve temas.

Hubo muchas respuestas, como siempre. Pero ninguna sobre cómo transformar la palabrería en compromisos eficaces de gobierno.