Por Eleazar Flores

Y FALTAN MUNICIPIOS-. Debacle total del Partido Revolucionario Institucional, PRI, siendo ésta una derrota mayor a la del 2000, pues ayer, además de la Presidencia de la República, pierde ocho de las diez gubernaturas en juego, por lo que pasa a ser una auténtica minoría.

Y conste que faltan resultados de elecciones municipales en capitales de varias entidades.

Sólo con resultados previos pero irreversibles, Andrés Manuel López Obrador es virtualmente el presidente electo de México pero consuélese, su periodo no durará seis años, “solamente” cinco años y diez meses ya que su “sexenio” concluirá el 30 de septiembre de 2024. Ya en serio, no lo tome como consuelo pero AMLO también hará historia con este recorte sexenal, por ley.

EPN-. Es sencillo entender el triunfo de López Obrador, de hecho está íntimamente ligado a la pérdida del poder del presidente Enrique Peña Nieto, pérdida del poder y del control de su partido, el Revolucionario Institucional, lo que se vio con mayor claridad con la inoportuna invitación para que visitara nuestro país el entonces candidatos presidencial yanqui Donald Trump.

Aunque usted no lo crea, el gobierno peñista tuvo momentos de gloria en los lejanos 2013 y 2014, con la firma del Pacto por México que tuvo reconocimiento naciónal e internacional, sus reformas estructurales y todo lo demás. El reconocimiento fue tal que se llegó al famoso Méxican Moment” cuyo artífice en el ángulo económico fue el titular de Hacienda Luis Videgaray.

El sexenio de Peña debió ser de dos años, acotó el conspicuo Don Teofilito. No cambia.

Tras la visita de Trump vinieron uno tras otro los yerros presidenciales de carácter político para evitar detallar el que lo debilitó sin recuperación alguna, el caso “casa blanca”. También el constructor express de socavones que jamás tuvo castigo, la habilitación de un burócrata como presidente priista que por desencanchamiento, fue relevado en plena campaña presidencial.

También la falta de negociación cupular entre el PRI y sus aliados sempiternos, PVEM Y PANAL, a nivel federal y en entidades con comicios locales, de lo que ayer se supo un primer revés, la pérdida de ocho gubernaturas, que significan un gran descalabro.

Espere con cautela otras derrotas tricolores, de diputaciones locales pero sobre todo presidencias municipales en varias capitales de los estados donde el PRI era gobierno y dejará de serlo pronto.

La no coalición PRI-PVEM-PANAL es la mayor evidencia de que Peña Nieto perdió el control de su partido, el cual tampoco se aplicó en sacar la iniciativa presidencial de disminuir el número de diputaciones federales.

Este último asunto merece más renglones, se los escribiré mañana.