ELEAZAR FLORES

¿QUÉ PASARÁ?-.  A imagen y semejanza de la obra de los setentas que inmortalizaron Chucho Salinas y Héctor Lechuga,  en referencia al final del sexenio del presidente Luis Echeverría, AMLO se quedó con las ganas de estrenarla en el tercer debate presidencial de hoy, según lo confesó.

Se trata de la obra “Adiós Guayabera Mía” pero lo importante  de hoy en Yucatán será el desenlace Anaya-Meade-López, con triunfo anticipado de éste que seguirá enconchándose ante seguros ataques de priista y panista, que según las encuestas se pelean el segundo lugar pues el primero del tabasqueño ya es inalcanzable.

En ejercicios comiciales de otros países las encuestas fallaron, siendo ejemplos de ello Costa Rica pero sobre todo Francia. Esos fenómenos de la sociología política hicieron enmudecer a los encuestadores, quienes justificaron sus imprecisiones, léase equivocaciones, al hecho de una mayor y más consciente participación de los cansados de partidos y afiliados a las ONGS.

Tras el debate de hoy a las 21 horas en Yucatán, los analistas conspicuos seguirán haciendo sus ejercicios analíticos, como lo van a hacer conductores de noticieros y politólogos, en las principales cadenas nacionales. No será ocioso pero sus conclusiones podrían influir poco si los candidatos no hacen su parte para cuidarse y mantenerse el primero, o bien caer ante las provocaciones.

ANAYA V.S. MEADE-. Desde finales de la semana pasada pero con mayor intensidad a partir del  domingo, priista y panista se descosieron en insultos y descalificaciones indignas en voz de alguien que aspira a gobernar un país de 125 millones de habitantes y un padrón de más de 80 millones. Todos sin excepción esperábamos más categoría de ellos, mejor nivel, ni modo.

De Anaya a lo mejor no tanto pues en momentos de presión, jamás ha controlado sus exabruptos hacia sus adversarios a quienes termina dándoles trato de enemigos.

Lo extraño es el lenguaje corriente del priista Meade, el mismo que según entrevista radial en MVS, no solo va a misa todos los domingos sino que hasta se confiesa. Como católico practicante como lo presume, Meade debe aceptar que esos insultos lo ubican como pecador, por lo que para poder comulgar el domingo próximo, está obligado a volver a confesarse.

Esto de su catolicismo practicante no importa tanto para un político que busca gobernar a un país en el que la libertad religiosa está a flor de piel, lo preocupante es que conforme pasa el tiempo de campañas da armas a sus adversarios para debilitarlo más, salvo que tuviera un momento de inspiración y capoteara y sobre todo, respondiera con inteligencia, -que la tiene-, en forma apropiada.