No tiene ahora caso discutir sobre si las olimpiadas son los lapsos transcurridos entre unos juegos y otros y no las competencias en sí mismas. Tampoco se vale demasiado salir con las leyendas del mundo antiguo ni exaltar las maravillas de la Grecia antigua.

De eso ya se encargaron Pericles y sus contemporáneos. Hoy la Hélade de los asombros nada más nos sorprende en los libros de historia, poesía o filosofía, como aquel pornógrafo llamado Estratón de Sardes. Pero de aquello nada queda.

Grecia es hoy una ruina y en parte sus graves problemas actuales se agudizaron cuando en el capricho del Comité Olímpico Internacional  y sus malos gobiernos, se embarcó en la innecesaria aventura de resucitar un pasado tan superficial como los juegos. La deuda los llevó a la quiebra con mayor velocidad.

Hoy, cuando Brasil se mira en el espejo de Blanca Nieves en el cual Lula y sus amigos se creyeron el cuento de una modernidad exitosa y un despegue incontenible, muchos son en aquel país quienes se preguntan ¿para qué?

En los años más duros de la guerra de Felipe Calderón contra los delincuentes y criminales organizados, muchos advertíamos el peligroso sendero por el cual se conducía la vida mexicana. La crítica era necesaria para ver si con ella alguien entraba en razón y buscaba otras formas de hacer las cosas. No ocurrió.

El entonces presidente, con esa enorme habilidad para mentir con lo elemental, llamaba año con año a los embajadores y cónsules mexicanos y los conminaba apremiante a una tarea imposible: sustituir la realidad con las palabras y mostrar en el mundo el bello rostro de un país ensangrentado, violento y pobre.

–Miren a los brasileños, ejemplificaba, ellos siempre hablan bien de su patria. Véanlos progresar, muren cómo hasta un campeonato mundial de futbol han organizado (para perder 7-1 contra Alemania) y también van a presentar unos importantes juegos olímpicos.

Se olvidaba Don Felipe, en aquel tiempo de cómo México, en el siglo pasado organizó juegos y campeonatos de futbol y nada sucedió. nada excepto una excesiva carga fiscal para pagar albercas inutilizadas, pistas de canotaje poco usadas y un palacio deportivo en el cual a veces canta la arrolladora band “El limón”.

El deporte no sirve como inversión pública. Y por favor, ya basta con eso de “mente sana en cuerpo sano”. Son demasiados los ejemplos de deportistas hundidos en las drogas (no en el dopaje condenado por los burócratas hasta por un  jarabe para la tos o un  filete con clembuterol, sino el otro) o culpables de delitos perversos. Y ya de la utilización geopolítica, con boicots, expulsiones, renuncias y demás, como los retiros en masa de delegaciones enteras para protestar por “invasiones” o cuestiones de otro tipo, ni hablamos. 

La imagen de un mundo en paz gracias los deportes es tan falsa como cierta resulta la actividad comercial en torno de ellos. La industria del deporte en el mundo implica promover especialidades hasta convertirlas en competencia olímpica. 

Ya hay quienes quieren hacer una especialidad reconocida a los viajeros de las olas en sus tablas de surf. Hay quienes prefieren las tablas del oleaje a las tablas de multiplicar.

Así han llevado a la categoría de maravilla olímpica el boliche. Pronto lo podrían hacer con el billar o con el “pokemon go”; el Candy Crush o las canicas.

Los vendedores de ilusiones han construido una enorme fantasía en torno del deporte. Y todo resulta falso.

Si algún día se propusieran investigar las finanzas de las organizaciones olímpicas, comenzado por el COI, se encontrarían con un espectáculo tan podrido como en su momento hallaron dentro de la FIFA; otra cueva de pandilleros impresentables.

Hoy vemos por un lado la ruina de Río, la cual no es culpa directa de los juegos, pero sí el complemento y la exhibición de cómo los gobiernos promueven el deporte global no para desarrollar una mejor sociedad sino para lograr laureles casi siempre inalcanzables.

Arruinados en lo político, con una presidenta depuesta (no como consecuencia de la lucha anticorrupción sino por corrupción de sus acusadores); con altos índices de inflación, con dudas de legitimidad, hoy los brasileños se lamentan por la deuda y el dispendio, pero ya metidos en la causa pues no les queda sino bailar y olvidarse del momento.

Los juegos son para jugar, así el juego mas perverso de todos sea hacer como si nada estuviera ocurriendo y escuchar el canto de sirena de los merolicos de la tele (otro escenario de pugna con la venta y reventa de los derechos de transmisión) quienes entonan  rapsodias con una torpeza infinita en la repetición de las hazañas y proezas de los “dioses del estadio”.

Mejor sería felicitar a Don Ignacio Trelles por sus cien años de edad.

MARATON

El primer corredor de Maratón, cayó muerto después de dar un parte militar. Desde entonces se probó una tesis: el deporte es malo para la salud.