Más allá del facilismo de quienes ven en las pasadas elecciones la segunda oleada histórica de un priismo transformado en “Morena” mediante una metamorfosis imposible, en la cual una oruga produjo un elefante, los signos de un canibalismo decadente ya se presentan sobre el vapuleado cuerpo de un yacente partido, cuya osamenta quedó fracturada, sin músculos y, lo peor, sin un sistema neuroemocional en funcionamiento suficiente.

El PRI está en la catatonia o, peor aún en la catalepsia.

Sus esfuerzos por comprender las dimensiones de su desastre y la profundidad del socavón en el cual ha caído, superan en horror a la desgracia.

Ya no se sabe dónde está lo peor, si en la derrota abrumadora y quizá insuperable en el corto plazo (digamos un cuarto de siglo), o en la inútil intentona de repartir culpas o guardar silencio.

No basta con reconocer la derrota envuelta en los buenos modos de una transición presidencial tersa y casi escandinava.

Eso es útil hacia afuera, pero hacia el interior, nadie —desde la institucionalidad—, se ha aproximado siquiera a un intento serio de analizar la catástrofe y sus consecuencias. La única voz ha sido la del grupo liderado por Ulises Ruiz, signifique eso cuanto se quiera o se niegue.

Es como los aguacates del mercado: a ese precio se los están llevando.

“Tras la debacle electoral del PRI, la corriente Democracia Interna de ese partido (dice El Heraldo) afirmó que ante ese panorama tienen la posibilidad de recuperarse, resurgir y reconstruir al tricolor.

“Señala el refrán que ‘no hay mal que por bien no venga’ y esta derrota nos otorga la posibilidad de recuperarnos, de resurgir, de reconstruirnos:

“En un país que se dice democrático, nadie gana para siempre y nadie pierde para siempre”, indicó en un comunicado.

“Los integrantes de dicha corriente, que encabezan entre otros el exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, advirtieron que un partido político no es un negocio donde cualquiera con un buen currículum académico puede llegar a ser gerente.

“No, en un partido se privilegia la militancia. Si no se hace así, sucede lo que vivimos en esta elección”, señalaron en un comunicado autocrítico en que marcan los presuntos errores cometidos.

Por ello, pidieron que, por elemental congruencia, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), los dirigentes de sectores y organizaciones, pongan sobre la mesa sus renuncias.

“Es el momento de actuar con dignidad y ayudar a construir, entre todos, una nueva dirigencia electa por los militantes y simpatizantes, los nueve millones de electores que creyeron aún en nosotros.

“Quienes tuvieron la oportunidad de conducir este proceso entregaron malas cuentas y el resultado de su gestión es la derrota más dolorosa en la historia del partido (Revolucionario Institucional)”, subrayaron.

“Advirtieron que la reconstrucción del partido tricolor la debe decidir la militancia y nadie más, por eso convocaron a la clase política del país que participe en esa transformación de un verdadero instituto político al servicio de México y de los militantes priistas.

“Hoy, los órganos del partido, la Comisión Política Permanente y el Consejo Político Nacional están diseñados a modo del ‘primer priista’ y de su grupo, así no sirven, a menos que se comprometan con la democracia que debió imperar siempre en nuestra organización”, agregaron.

Como se ve en este texto la palabra clave de la derrota abrumadora es MILITANCIA y nadie quiere militar en una armada cuya más reciente batalla dejó muertos en demasía. El ejército de la derrota no tiene para la leva.

Pero mientras el PRI deambula por un páramo lleno de niebla; sin conocer rumbo ni cabeza ni liderazgo, el Presidente de la Republica abre las puertas del Palacio Nacional y camina por las galerías de altos techos y olorosas maderas, otras organizaciones se suman a la tarea del alineamiento.

La temida falta de contrapesos en un gobierno cuyas dimensiones lo harían proclive al poder total, no se ha producido en el inicio por el sometimiento de los poderes fácticos (empresarios, iglesias, medios de comunicación, redes sociales, sindicatos, etc.) sino por la voluntaria y declarada sumisión de todos.

Un ejemplo es Germán Larrea, líder del Grupo México:

“Grupo México, su presidente del Consejo de Administración, Germán Larrea, y Cemex se sumaron este miércoles al llamado del virtual ganador de las elecciones presidenciales, Andrés Manuel López Obrador, a trabajar en unidad por el bien del país.

“Coincidimos y oímos con beneplácito su discurso inaugural (¿?) como próximo presidente electo, en donde nos convoca a la reconciliación y a trabajar en unidad por el bien de México”, indicó Grupo México en un desplegado firmado por el presidente del Consejo de Administración, Germán Larrea, que apareció en diarios de circulación nacional este miércoles.

“Larrea destacó las declaraciones de López Obrador en materia económica, así como el respeto a la autonomía del Banco de México y la promesa de mantener disciplina financiera y fiscal”.

Ha desaparecido el “México profundo” y ha nacido, presuroso y diligente, el “México de la garganta profunda”.

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