RAÚL CASTELLANOS

UBER es una aplicación tecnológica creada en el año 2009 que permite realizar traslados en auto mediante una transferencia electrónica entre particulares. Es una empresa que ha revolucionado el mercado del transporte privado alrededor del mundo, al grado que en menos de una década de existencia, ha rebasado en valor monetario a emporios y referentes del orden económico mundial como WalMart, Ford o General Motors.

Entre sus ventajas se encuentra el hecho de que representa una opción de movilidad para millones de personas en las grandes metrópolis del mundo, al tiempo que es un nicho de emprendimiento para todo aquel que tenga un automóvil y quiera autoemplearse, o emplear a alguien más para que lo maneje.

No obstante, entre sus inconvenientes se encuentran miles de historias alrededor del mundo de conductores sin prestaciones laborales, explotados en una relación laboral no regulada, o que pierden una parte importante de lo recaudado para dárselo a UBER. Al ser un arreglo entre privados, el limbo legal en el que existe permite a la empresa hacerse de millones de dólares diarios, de los cuales paga ínfimos impuestos en las ciudades del mundo donde opera debido a que tiene sus centros administrativos, con su compleja estructura legal y fiscal, alojados en los Países Bajos y las islas Bermudas.

De esta forma, UBER hacer usufructo privado de un bien público como lo son las calles y avenidas de las ciudades, mismas que son conservadas y construidas con dinero de los contribuyentes. Ciudades como Londres, Buenos Aires, Tel Aviv, Vancouver, Budapest y Copenhague han prohibido temporal, parcial, o totalmente la aplicación por este tipo de inconvenientes. En nuestro país tenemos el ejemplo de su regulación en el aeropuerto de la Ciudad de México, o los lamentables episodios en que UBER o aplicaciones similares permiten la incorporación a la aplicación de personas con antecedentes penales que han cometido crímenes abominables contra los usuarios.

En el contexto de la profunda desigualdad social que impera en Oaxaca y las problemáticas que ésta conlleva, los taxistas de nuestra ciudad y la zona conurbada son hombres y mujeres que buscan llevar comida a la mesa de sus familias, que ofrecen un servicio y ganan la vida honradamente. La calidad del mismo es perfectible y como Presidente Municipal trabajaré con ellos para mejorarlo y exigirle al gremio la atención a las sugerencias y quejas de los usuarios.

Oaxaca de Juárez requiere un edil que sea un activo ante las múltiples problemáticas sociales de nuestra entidad, mismas que hacen de nuestra ciudad su caja de resonancia. Lo fácil es no posicionarse sobre temas polémicos, permanecer en el discurso de los lugares comunes, esperando que el estar abanderado por una marca partidista a la alza y colgado de la popularidad de otros políticos sea suficiente para ganar la elección del primero de julio.

En mi caso, considero indispensable decirlo con toda claridad: como Presidente Municipal me opondré a la llegada de UBER a la capital del estado por ser una amenaza para la paz social y la estabilidad laboral de nuestros taxistas, así como perjudicial para el medio ambiente. La política de movilidad enfocada al empoderamiento del peatón y al trasporte público eficiente que implementaré no puede acompañarse del aumento del parque vehicular y el incremento de la desigualdad social.

Ser de izquierda es construir una ciudad de iguales, en la que todos gocen de los mismos derechos y libertades. Como tu Presidente Municipal protegeré el trabajo de los taxistas, al tiempo que les exigiré un servicio digno y eficiente.

Te invito a que sigamos dialogando a través de mis redes sociales, o nos encontremos en la calles. Este primero de julio, te pido tu voto.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?