RAÚL CASTELLANOS FLORES

Nunca he sido partidario de los multimillonarios que se disfrazan de altruistas, aunque en descargo debo reconocer que en muchos de los casos sus negocios y fortunas son legítimos y producto de su talento, trabajo, relaciones y en ocasiones hasta de una buena dosis de suerte, llamémosle coyuntura.

Tal es el caso de Carlos Slim, alguna vez el “Hombre más rico del mundo” según la revista Forbes y al día de hoy uno de los diez primeros, lo cual no es nada despreciable, a quien habría que sumarle su pragmatismo para las inversiones; para él, no hay fronteras y mucho menos compromisos partidistas, vamos, nunca lo escucharemos declararse “soldado del PRI” como lo hizo Emilio Azcarraga en los mejores tiempos de Televisa, o “soldado de Morena” o de quien sea.

Para nadie es un secreto que la Reforma de Telecomunicaciones del actual régimen en el tema de los monopolios afectó sus empresas de telefonía y le provocó pérdidas multimillonarias, o mejor dicho, “rebajas en sus utilidades”; como también es de dominio público la alianza que tejió con Andrés Manuel para llevar a buen puerto el proyecto de remodelación del Centro Histórico de la Ciudad de México con una millonaria inversión compartida que incluyó la compra y remodelación de cientos de edificios con un valor histórico a punto de derrumbarse. Grupo Carso adquirió más de cuatrocientos inmuebles que convirtió en hoteles, centros comerciales, edificios departamentales, oficinas, hostales, cambiándole –debemos reconocer- el rostro a esa zona del centro de la Ciudad.

Por ello resulta interesante, por no decir refrescante para la actual contienda (por “La Silla de Krauze” –versión Peña Nieto FIL de Guadalajara- plagada de ocurrencias, promesas sin sustento, invocaciones a las “Mafias del Poder” que ya se parecen al “Sancho” porque son muchas y están en todas partes, insultos, descalificaciones –aprovechando el anonimato de las redes sociales- y una buena dosis de violencia, que va desde las provocaciones hasta los asesinatos de candidatas y candidatas, incluyendo motivos pasionales –caso Mújica Michoacán-), el que Carlos Slim haya decidido entrarle al debate sobre uno de los temas que mayor controversia y encono ha suscitado: la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, al que López Obrador se opone terminantemente.

Si bien Javier Jiménez Spriú, propuesto por AMLO como Secretario de Comunicaciones -en caso de que gane- ha argumentado que el nuevo aeropuerto “se construye en el lugar más inapropiado posible, donde el suelo se hunde y también se mueve, hay un dispendio de fondos y deben revisarse los contratos”. Andrés Manuel ha optado como estrategia por la descalificación política de la obra.

En este escenario, Carlos Slim, -hay que decirlo, dos de sus empresas son de las principales, contratistas en este proyecto- convocó el lunes a una inusual conferencia de prensa que duró más de dos horas, en la que con datos duros, mapas, gráficas, planos, maquetas, estadísticas, argumentó porqué “SÍ” debe concluirse la obra independientemente de quién gane la Presidencia de República.

Argumentó que se trata de “un proyecto como nunca había visto en su vida”, incluso lo comparó con la construcción del Canal de Panamá, por lo que suspenderlo “sería suspender el crecimiento del país. La discusión sobre el aeropuerto no debe ser si cuesta más o cuesta menos, no es un coche el que se está comprando, no solamente hay que ver la inversión que se va a hacer, sino que efectos va a tener está”. Y agregó “el nuevo aeropuerto detonará el nororiente del Valle de México, impactará a cinco millones de personas que viven en la zona que se convertirá en una de las áreas más boyantes del país. Esto es una transformación mágica, es un detonador económico social”.

Fijó la posición de su grupo “no tenemos interés en la concesión. Queremos inversión, no concesión; adaptar la base aérea de Santa Lucia es un parche, no hay actividad económica sin empleo, sin inversión, si hay corrupción en los contratos del Nuevo Aeropuerto que se investigue y castigue”.

Al ser cuestionado sobre si su interés era hacer cambiar de opinión a AMLO, sin nombrarlo solo sugirió que “debe analizarlo más a fondo” –el proyecto-; sobre si va a ganar respondió “no sé, no sé, eso no depende de mí, la competencia está abierta como pocas veces”; sobre si teme al proyecto de López Obrador sobre el aeropuerto concluyó que “le preocuparía y le daría miedo por todo lo demás que siga –a la cancelación del aeropuerto- porque si este va a ser el criterio, va a ser equivocado, hay riesgo de que se equivoque tomando pocos factores en las decisiones”.

En otro contexto y otro debate no menos relevante, desde los caracoles zapatistas, el Sub Comandante Galeano antes Sub Comandante Marcos, cuestionó con dureza a López Obrador por sus afirmaciones de que la candidatura de Marichuy era “una maniobra para hacerle el juego al gobierno, con el fin de que no haya una transformación ni un cambio de régimen”. Argumentando con su aguda ironía, que si así hubiera sido “¿Por qué no el innombrable malo les regaló una foto copiadora para obtener las firmas como el Bronco?” y concluyó “López Obrador está embriagado celebrando un triunfo que todavía no tiene en la mano”.

Por su parte, Andrés Manuel, respondió a Slim “si él considera que es buen negocio que lo construya con su dinero. Esto de Slim es parte del nerviosismo, seguramente le pidió el favor Salinas o Peña para que nos cuestionara. Yo le diría a Carlos Slim, que es una buena persona, que se serenara, que se tranquilizara; yo no estoy en contra de los empresarios”. Sobre Galeano o Marcos, guardó silencio.

Y advirtió “Me van a tener que poner la banda. Lo quiera o no lo quiera, la mafia va pa fuera”.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?