CIUDAD DE MÉXICO.- Nada ganó el país con el tercer y último debate de los candidatos presidenciales.

Los más llamativo fue el escarceo entre varios de ellos, sobre todo, entre Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador. Perdió el queretano, porque, acorralado, de plano le dijo: “Y ni a ti te voy a meter a la cárcel”.

Ahora bien, Anaya comenzó a defenderse con acusaciones a Enrique Peña y al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de la campaña en su contra, como si el PRI y Enrique Peña, lo hubiera llevado a hacer negocios que ahora no sabe como justificar, y que tampoco explica y deja claros ente la nación.

Lo demás del debate fue lo mismo: voy a hacer, la corrupción es la culpable, si aprovechamos los recursos con eso basta, no es necesario más presupuesto, voy a bajar los precios de las gasolinas, voy a bajar los impuestos. En fin, palabrería simple.

Lo sobresaliente fue la templanza de José Antonio Meade. Propuso, pero lastima que para su causa es demasiando tarde y quién sabe si le alcance.

De El Bronco, poco que decir. El hombre hace reír, nada más.